Pedro viene a consulta porque últimamente tiene muchos problemas con su pareja. Hace poco, ella le propuso dar un paso más en la relación e irse a vivir juntos. Y él “se está dando cuenta” de algunas cuestiones que no tienen en común y que les están haciendo discutir más que nunca. Además, nos cuenta que él es una persona muy ocupada con su trabajo y con proyectos importantes en mente, como viajar, que siente poco compatibles con la convivencia en este momento.

En consulta, Pedro relata una infancia “normal”. Pero al profundizar, narra experiencias importantes en las que no pudo contar con sus padres y tuvo que apañárselas solo: un cambio de barrio y/o de colegio; una pelea con los compañeros o con alguien adulto; ser atacado por uno de sus padres y no ser protegido por el otro; o una promesa importante que no se cumplió… Unos padres demasiado sumidos en sus propios problemas que no podían atender, calmar o apoyar a Pedro. E incluso a veces, en vez esto, le angustiaban aún más.

Pedro tuvo que hacerse a sí mismo. Pues aprendió a que no podía contar con nadie. Y se convirtió en un mini adulto. Volcarse en los estudios y en el trabajo le permitió distraerse, funcionar y no contactar con la angustia de su realidad familiar. Convertirse en un “adicto al trabajo” le salvo.

Pero ahora ya está a salvo: como adulto no corre el peligro que corría ante el abandono. El problema es que su estrategia de supervivencia (mantenerse demasiado ocupado) sigue en funcionamiento. Y esto le mantiene distanciado de un peligro que ya no está: las relaciones de intimidad con los otros. Pedro aprendió que las personas suponían más una fuente de angustia que de calma. Y que para estar a salvo debía estar solo, en contacto durante poco tiempo o mantener una distancia de seguridad con los otros. Y este aprendizaje se está reactivando ahora que su relación puede estrecharse. Casualmente, Pedro se siente repentinamente super ocupado con su trabajo y con intensos deseos de viajar (¿o de escapar?)…

Necesitamos trabajar todo esto, para que Pedro se sienta seguro en la cercanía y pueda acceder a lo que le faltó: la intimidad.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se pone en duda (con las comillas) que Pedro tuvo una infancia normal?

Porque los ejemplos que trae a sesión para ilustrar esta normalidad lo desmienten. La incoherencia en el relato es una de las pistas que indican esto.

¿Qué significa que “en ocasiones los padres de Pedro le angustiaban aún más”?

Una de las funciones de los padres frente a los hijos es la de contener la angustia de esto. Es decir, escucharla, ponerle palabras y devolverla “más pequeña” para que ellos la puedan manejar. Si los padres están demasiado abrumados por sus propios problemas, no sólo no pueden hacer esto, sino que experimentan las necesidades emocionales de los hijos como una carga, y en consecuencia, les atacan y les angustian.

¿Cuál es el problema de ser muy trabajador, si esto salvó a Pedro?

Principalmente, que ya no le hace falta salvarse de nada. “Trabajar demasiado” ilustra en este ejemplo una estrategia de supervivencia que pudo haberle ayudado a regular sus emociones o a hacer frente a las expectativas de sus padres.

Otros recursos de supervivencia emocional son “estudiar a los demás para tratar de predecirles”, “priorizar las necesidades ajenas a las propias”, “mostrar sólo las partes de uno mismo que los demás aceptarán”, “tener la necesidad de saberlo todo” o “depender de la actividad física excesiva”… (Odgen, P. et at. 2016)

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